Tenía sólo 26 años y era un joven muy especial.
Porque Alberto era distinto a los demás. No podía correr, ni saltar, no
podía hablar, acariciar, besar….tan sólo había una cosa que tenía en común con
los demás: Alberto si podía amar, y trasmitía ese amor a través de su mirada;
un suave pestañeo era su única vía de comunicación con el mundo exterior, y su
madre, la única persona en el mundo
capaz de entender sus sentimientos.
Hace unos días, la vida se escapó de su frágil cuerpo, sus ojos se
cerraron para siempre y su mirada se apagó. Alberto dejó a sus seres queridos destrozados,
pero sobre todo a su madre, su gran amor, una mujer extraordinaria y generosa a la que dejó con el alma herida y
el corazón partido.
Desde su cielo, Alberto ha querido hablar con ella y decirle con
palabras lo que en vida nunca pudo, pero que ella siempre supo a través de su
mirada, con el lenguaje de sus ojos, con el lenguaje del amor. Dice así:
“Querida mamá:
Hace unos
días abandoné mi hogar, mi cama, mi cuerpo;
me siento ligero, raro, pero me
siento bien. También me separé de ti, del contacto de tus manos, de tus besos y
caricias, de tu voz, del brillo de tus ojos y de la luz de tu mirada; mi alma quería seguir a tu lado, pero mi
cuerpo no pudo más….
Mi cuerpo,
tan frágil y delicado como el de un bebé, y que nunca pudo funcionar como el de
los demás niños de mi edad. No pudo nunca jugar a la pelota, hacer un castillo
en la arena o nadar. Tampoco ha podido saborear tus suculentos guisos o los de
la abuela, bailar al ritmo de la música, esbozar una sonrisa al verte bromear,
salir con los amigos, besar a una chica…..se diría que no he podido vivir aún
estando vivo…. Sin embargo mama, yo no me he sentido así, y ha sido gracias a
ti. Tú has sido mis manos para acariciar,
tus piernas han caminado por mí, de tu boca han salido mis palabras y he besado
a través de tus labios…..y así he podido jugar, correr, saltar, bailar,
besar…..porque tú has estado en todo momento a mi lado haciendo realidad todos
mis deseos y cumpliendo todos mis sueños. Por eso te doy las gracias mama, por
hacer que la vida haya sido para mí un regalo, un regalo que he podido
compartir contigo, un regalo que he podido disfrutar gracias a tu amor.
Entiendo
que ahora te sientas sola, vacía, triste…. con el alma destrozada, ya que una
parte de ti se encuentra en mi cielo. Pero, poco a poco irás recuperando la
alegría y, aunque siempre habrá un trocito de tu corazón que se quede junto a
mí, seguro que podrás ser feliz con el resto, pues así de enorme es tu corazón,
y todo ese dolor que ahora sientes se irá suavizando hasta que me recuerdes con
una sonrisa.
Eso espero
y deseo, mama, porque es tanto el amor que me diste en vida, que me llevo el
corazón lleno y, desde mi cielo, velaré para que siempre tengas fuerzas para
poder seguir adelante y ser feliz, y para
que recibas todo el amor que un corazón como el tuyo se merece recibir. Ese es el regalo que te pido para estas
navidades, ya sabes lo feliz que siempre me ha hecho el día de Reyes y el mejor
regalo que puedes darme a mí es conseguir poder ser feliz de nuevo, volver a
sonreírle a la vida y seguir dando amor a todos los que siguen a tu lado,
porque si para algo te puso Dios en este mundo fue para amar.
Desde mi
cielo, te doy las gracias por la vida y por tu amor. Te quiero mama.
Tu hijo, Alberto”
Desde tu centro de Salud, Ana, te mandamos todo nuestro apoyo, y te damos las gracias por ser un ejemplo de
amor y sacrificio para los demás.
Y gracias a ti, Alberto, por
enseñarnos que existen muchas maneras de poder transmitir el amor cuando no
existen las palabras; tú lo hiciste con
tus ojos, que fueron el reflejo de tu alma y de tu corazón. Descansa en paz.
Laura.-
Precioso Laura. Eres simplemente increible con tus relatos.
ResponderEliminarGracias Antonio....solo intento poder servir se ayuda a los demás. Un saludo.
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