Mostrando entradas con la etiqueta Colesterol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colesterol. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de octubre de 2016

Que es el ictus

Ictus, embolia, accidente cerebrovascular (ACV), apoplejía,... cualquiera de estos términos se refiere a una alteración brusca de la circulación de la sangre que llega a nuestro cerebro. El ictus es el equivalente a un infarto de corazón, pero en el cerebro.
Existen dos tipos principales de ictus:
  • Los ictus hemorrágicos o hemorragias cerebrales: se producen cuando un vaso sanguíneo (vena o arteria) se rompe
  • Los ictus isquémicos o infartos cerebrales: ocurren cuando una arteria se obstruye por la presencia de un coágulo de sangre. A menudo, este trombo se origina en el corazón y se desplaza hasta el cerebro, donde interrumpe el flujo sanguíneo.
Aproximadamente el 85% de los ictus son isquémicos y el 15% hemorrágicos.
Cuando se sufre un ictus, el daño cerebral adquirido puede ser irreparable y dejar secuelas graves que repercuten de forma notable en la calidad de vida de los afectados. Después de un ictus, sólo un tercio de los pacientes se recupera totalmente, otro tercio queda con secuelas y otro tercio fallece. Además, el 25% de las personas que padecen un ictus mueren durante los 30 días siguientes.
Impacto del ictus

El ictus es un problema de salud muy frecuente e importante, ya que puede resultar altamente incapacitante y mortal.
En la actualidad, es la primera causa de discapacidad grave en el adulto, tanto física como intelectual, y también de dependencia; es la segunda causa de muerte en España y la primera en la mujer española.
Cada año, 130.000 personas sufren un ictus en España, de las cuales 80.000 fallecen o quedan con alguna discapacidad.
Actualmente, este trastorno es más común a edades más avanzadas. El 75% de los ictus ocurren en personas de más de 65 años. Sin embargo, cada vez se registran más casos entre adultos jóvenes debido a los hábitos de vida incorrectos e insanos que adoptan. Hoy, entre el 15% y el 20% de estos ACV afectan a individuos de menos de 45 años.
La incidencia del ictus se asocia a diferentes factores de riesgo, la mayoría de ellos evitables con una adecuada prevención. El control de los factores de riesgo es fundamental en la lucha contra el ictus.
Factores de riesgo que debemos controlar para evitar un ictus

Los ictus se pueden prevenir. Algunos de los factores de riesgo, como la edad, antecedentes familiares, sexo y raza, no se pueden modificar. Pero otros factores de riesgo sí son corregibles.
La prevención primaria del ictus se basa en la identificación y corrección de estos factores de riesgo para evitar este accidente cerebrovascular cuando aún no ha ocurrido:
  • Hipertensión arterial: es el factor de riesgo más importante para el desarrollo del ictus. En aquellas personas que no hayan sufrido un ictus anteriormente la tensión arterial debería ser inferior a 140/90, y para diabéticos o personas que ya hayan sufrido un ictus, debe ser inferior a 130/80.
  • Niveles altos de colesterol : el exceso de colesterol se deposita en las arterias en forma de placas, estrechando las arterias, afectando a la circulación y multiplicando el riesgo de sufrir un ictus. Por tanto, el paciente debe llevar una dieta rica y saludable, evitando el colesterol (<240mg/dl), lo que se consigue reduciendo las grasas saturadas.
  • Fibrilación auricular (Arritmia cardíaca): es responsable del 20% de los ictus. Esta arritmia cardíaca no controlada multiplica por 5 el riesgo de sufrir un ictus. Otras enfermedades del corazón como es el caso de los infartos de miocardio o las valvulopatías también incrementan el riesgo de ictus.
  • Diabetes: daña las arterias, por eso el riesgo de que se produzca un ictus es de 2 a 6 veces mayor en las personas diabéticas que en el resto. Debe mantener los niveles de glucemia en sangre por debajo de 120 mg/dl.
  • Tabaquismo: los fumadores tienen el doble de riesgo de sufrir un ictus que los no fumadores. El tabaco reduce el colesterol “bueno” (cuyas cifras deben ser altas, >35 mg/dl) y favorece el aumento de la tensión arterial. Además, la exposición pasiva al tabaco también aumenta la probabilidad de sufrir un ictus.
  • Consumo de alcohol: el consumo excesivo de alcohol (> 60g al día) es un factor de riesgo para todos los tipos de ictus. Aumenta la tensión arterial entre otros efectos.
  • Obesidad: se asocia a mayor riesgo de ictus debido a que se asocia a hipertensión arterial, diabetes y cifras más elevadas de colesterol. Debe mantener su índice de masa corporal por debajo de 25 para reducir el riesgo de ictus.
  • Fármacos: el consumo de algunos medicamentos puede aumentar el riesgo de sufrir un ictus, es el caso de los estrógenos (anticonceptivos o el tratamiento hormonal sustitutivo).
  • Sedentarismo: se asocia al aumento del colesterol, la hipertensión, la obesidad y otros factores de riesgo vascular, por lo que favorece el riesgo de sufrir un ictus.
  • Consumo de drogas: especialmente las drogas estimulantes. El consumo de cocaína aumenta hasta un 7% el riesgo de sufrir un ictus.
Cuantos más factores de riesgo de los mencionados tenga una persona, mayor será el riesgo de que sufra un accidente cerebrovascular; por ello, cuantos más factores de riesgo se puedan suprimir o controlar, menor será la probabilidad de sufrir el ataque.

Cómo detectar un ictus
La detección precoz del ictus es fundamental para diagnosticar qué tipo de accidente cerebrovascular es y suministrar el tratamiento adecuado lo antes posible. De esta manera se puede reducir al máximo sus secuelas y la mortalidad de las personas afectadas.
Las seis señales de alarma del ictus son las siguientes:

  1. Pérdida de fuerza en la cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo, de inicio brusco.
  2. Trastornos de la sensibilidad, sensación de “acorchamiento u hormigueo” de la cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo, de inicio brusco.
  3. Pérdida súbita de la visión parcial o total, en uno o ambos ojos.
  4. Alteración repentina del habla, dificultad para expresarse, lenguaje que nos cuesta articular y ser entendido por quien lo escucha.
  5. Dolor de cabeza de inicio súbito, de intensidad inhabitual y sin causa aparente.
  6. Sensación de vértigo intenso, inestabilidad, desequilibrio o caídas bruscas inexplicadas, si se acompañan de cualquiera de los síntomas descritos con anterioridad.
Desde la Sociedad Española de Neurología, advierten de que no hay que quitar importancia a estos síntomas porque desaparezcan espontáneamente ya que podría tratarse de un ataque isquémico transitorio que, si se trata a tiempo, puede evitar el infarto cerebral.
Por tanto, cuando una persona o alguien de su entorno sospeche de que está padeciendo un ictus, debe acudir o ser trasladada lo antes posible a un hospital donde pueda recibir atención neurológica urgente, preferiblemente, en una unidad de ictus.
Tratamiento del Ictus
Las primeras tres horas desde el inicio de los síntomas son claves: cuanto más rápido se actúe, el paciente tendrá más probabilidades de recuperarse y menos de quedar con secuelas o de morir. Además, el tratamiento actual para los infartos cerebrales sólo funciona durante las primeras tres horas desde la aparición de los primeros síntomas. Una vez transcurrido este intervalo de tiempo, el tratamiento deja de ser eficaz.
Hay algunos pasos que hay que seguir para mejorar la supervivencia:

  • Reconocer rápidamente los signos y síntomas del ictus, anotando cuando ocurren por primera vez.
  • Activar con rapidez los servicios de emergencia: (061 ó 112, dependiendo de la Comunidad Autónoma)
  • Transporte rápido de emergencia y prenotificación al hospital: la mejor forma de llegar al hospital es mediante estos servicios, puesto que advertirán cuanto antes al servicio de urgencia del hospital.
  • Llevar a los pacientes a una Unidad de Ictus, centros médicos especializados en el tratamiento de esta enfermedad. Hay varios tipos (agudos, de estancia completa, para rehabilitación).
  • Comenzar el cuidado y la evaluación del paciente durante el transporte al hospital: en cuanto el paciente sufra un ictus, los servicios médicos responsables deben tener en cuenta determinados aspectos del paciente como una adecuada oxigenación, así como controles de alimentación, presión arterial, glucemia, fiebre u otras complicaciones.
  • Recibir el diagnóstico y el tratamiento rápidamente en el hospital para que esté bajo vigilancia intensiva.
Una vez el paciente está en el hospital, se identifica el origen del ictus y se procede a tratarlo en función de este:

  • Los ictus isquémicos o infartos cerebrales se tratan con un fármaco trombolítico o fibrinolítico. Este tratamiento destruye el trombo que causa la interrupción del flujo sanguíneo en el cerebro y permite restaurar la circulación y las funciones neurológicas perdidas durante el ictus. Tiene riesgo de sangrado, por lo que los neurólogos deben seleccionar minuciosamente a los pacientes que se beneficiarían de este tratamiento, en función de la edad, el tiempo de evolución del ictus y otras características. Sólo es eficaz durante las primeras tres horas en las que se administra, por lo que es fundamental actuar con rapidez.
  • Los ictus hemorrágicos debidos a malformaciones congénitas de los vasos sanguíneos y aneurismas se tratan con embolización, que consiste en administrar sustancias que taponan las arterias que se han roto. En ocasiones, se debe recurrir a la cirugía para eliminar el coágulo que bloquea las arterias del cerebro.
Cuando el ictus ya haya pasado, el tratamiento depende de las incapacidades que le hayan quedado al paciente.
Rehabilitación de un ictus
Otra parte importante del tratamiento del ictus es la rehabilitación. Es frecuente que, tras algunos ictus importantes, el paciente deba acudir a rehabilitación, en especial si ha llegado a producirse el infarto (muerte) de alguna región del cerebro, ya que hay que conseguir en la medida de lo posible que otro área del cerebro pase a controlar las funciones que antes controlaba la zona afectada.
Generalmente, la rehabilitación debe comenzar en cuanto el paciente está estable. Médicos, neurólogos, fisioterapeutas, rehabilitadores, logopedas y personal de enfermería forman el equipo multidisciplinar que intentará ayudar al paciente a recuperar las funciones alteradas o restablecer las funciones perdidas. Los pacientes con ictus que no han podido tratarse con trombolisis pueden llegar a recuperar la capacidad para comunicarse, para caminar o para utilizar el brazo paralizado nuevamente gracias a una buena rehabilitación.
Pronóstico del ictus
Es muy complicado establecer un pronóstico para los ictus. Dependerá en gran parte del tipo de ictus de que se trate y del tiempo que ha permanecido el tejido cerebral sin recibir sangre. También dependerá de la zona afectada, de la edad, sexo y raza del paciente y de su propia capacidad de recuperación.
La posibilidad de repetición del ictus es considerable durante los primeros tres meses de convalecencia, y hasta un 14% en el primer año. De ahí que se considere tan importante el uso de aspirina para evitarlo, así como el estricto control de los factores de riesgo modificables (hipertensión arterial, hipercolesterolemia, diabetes, tabaquismo…).
El ictus es una enfermedad grave e incapacitante. Su mortalidad oscila entre un 10-20% en el primer mes. Y las complicaciones que lo acompañan pueden distorsionar de manera permanente la vida del paciente y de su entorno.
Los avances en diagnóstico y tratamiento han sido fundamentales, y el control de los factores de riesgo resulta vital para impedir la aparición de un primer ictus (prevención primaria) o de una recaída (prevención secundaria). Solo con el buen control de la tensión arterial se puede disminuir hasta en un 45% el riesgo de recurrencia.



Laura.-


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Triglicéridos elevados

Que son los triglicéridos

Son un tipo de grasa que es transportada por el organismo a través de la sangre.
Después de comer, el organismo digiere las grasas de los alimentos y libera triglicéridos a la sangre. Estos triglicéridos son transportados a todo el organismo para dar energía y, si existe un exceso, el organismo los almacena en forma de grasa.
El hígado también produce triglicéridos y cambia algunos a colesterol. El hígado puede cambiar cualquier exceso de calorías en triglicéridos.

Cuál es el nivel normal de triglicéridos en sangre

  • En adultos, se consideran normales valores inferiores a 150 mg/dl
  • Para que el resultado de la analítica sea más preciso, debe ser realizada tras 12 horas en ayunas.
  • A partir de 200 mg/dl está demostrado que incrementan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. A partir de 500 mg/dl, además, pueden originar enfermedades potencialmente graves, como la diabetes y la pancreatitis aguda.
Cómo están asociados los triglicéridos con el colesterol

Los valores elevados de triglicéridos en sangre se pueden asociar con niveles altos de colesterol LDL (colesterol “malo”) y valores bajos del colesterol HDL (colesterol “bueno”). Esta asociación perjudica a las arterias ya que estimula el desarrollo de la arteriosclerosis, enfermedad que se manifiesta con el desarrollo de placas de ateroma en el interior de las arterias, estas se obstruyen, y pueden llegar a producir un infarto de miocardio.

Pronóstico y complicaciones

Las personas que padecen hipertrigliceridemia presentan un mayor riesgo de arteriopatía coronaria y de pancreatitis.
La pérdida de peso, el ejercicio físico y el control de la diabetes ayudan a mejorar el pronóstico

Prevención

El análisis de sangre de los miembros de una familia en la que un componente tenga esta afección, puede detectar la enfermedad de manera temprana.

Que produce niveles altos de triglicéridos

Pueden ser varias las causas:

  • Causas hereditarias: puede producirse entre miembros de una misma familia, por la existencia de un defecto genético dominante. Es la llamada hipertrigliceridemia familiar
  • Algunas enfermedades: como la diabetes, el hipotiroidismo, enfermedades renales y hepáticas. Hay que prestar especial atención a los diabéticos y a las mujeres después de la menopausia pues en estos grupos se dan con mayor frecuencia los niveles altos de triglicéridos.
  • Exceso de peso: los triglicéridos aumentan al aumentar de peso
  • Dieta rica en azúcares y grasas: aumentan el nivel de triglicéridos, por eso se recomienda la dieta mediterránea, ideal para bajar sus niveles
  • Edad: los triglicéridos aumentan con la edad
  • Consumo excesivo de alcohol: aumenta la producción de triglicéridos en el hígado
  • Ciertos medicamentos: como los anticonceptivos, esteroides y diuréticos
  • Falta de ejercicio físico

Cuál es el tratamiento

  • El objetivo del tratamiento es controlar las afecciones que pueden elevar los niveles de triglicéridos, como la obesidad, el hipotiroidismo y la diabetes.
  • Debe seguir una serie de medidas nutricionales y aumentar el ejercicio físico. Si tales medidas no son suficientes, deberá acudir a su médico para que le prescriba algún medicamento que baje los niveles de triglicéridos.

Recomendaciones dietéticas

  • Mantenga una dieta variada, con abundancia de cereales, verduras y frutas
  • Reduzca el sobrepeso con una dieta baja en calorías
  • Evite el consumo de dulces, pasteles y bollería por su elevado contenido en azúcares y grasa
  • Disminuya el consumo de carnes rojas (máximo 2 veces por semana), huevos (máximo 2-3 por semana), leche entera y derivados (helados, nata, mantequilla, yogures enteros, quesos grasos…)
  • Consuma carne de pollo, pavo sin piel o conejo 2-3 veces por semana, no más de 200 gr por ración
  • Consuma preferentemente aceite de oliva y evite los aceites de coco y palma, presentes con mucha frecuencia en productos de bollería, fritos y precocinados.
  • Aumentar el consumo de pescados blancos y en especial los azules (sardina, trucha, atún. caballa, salmón…)
  • Aumentar el consumo de legumbres combinándolas con cereales (legumbres con arroz…)
  • Sustituir el azúcar común o la miel por edulcorantes no calóricos (sacarina, aspartamo…)
  • Reemplazar las bebidas refrescantes azucaradas por sus equivalentes edulcoradas “light”
  • Puede utilizar todo tipo de condimentos y sal con moderación
  • Evite el consumo de alcohol
  • Si quiere hacer algo importante para su salud, No Fume
  • Haga ejercicio de forma regular: caminando 1 hora días alternos conseguirá una reducción significativa de sus triglicéridos y de sus cifras de azúcar en sangre.
  • Cocinado: cocine con poco aceite (oliva, girasol o maíz) Evite en lo posible los fritos y guisos. Preferible a la plancha o a la brasa. Retire la grasa visible de la carne antes de cocinarla.
  • Preparar platos para luego congelarlos, y así, no tener que acudir a los precocinados, normalmente más grasos.
  • Si come fuera de casa, elija del menú ensaladas, aves o pescados a la parrilla en lugar de fritos o guisos.                                   
Laura.-


martes, 20 de enero de 2015

Colesterol y riesgo cardiovascular

¿Qué es el colesterol?

El colesterol es una sustancia grasa natural  imprescindible para la vida, que está presente en todas las células del cuerpo humano y es necesaria para el normal funcionamiento del organismo.
La mayor parte del colesterol se produce en el hígado, aunque también se obtiene a través de algunos alimentos.

¿Cuál es su función?

El colesterol es un lípido necesario para que nuestro cuerpo funcione correctamente.
  • Su función principal es la de formar parte de la estructura de las membranas de las células
  • Además, interviene en la formación de la bilis, vital para la digestión de las grasas.
  • Los rayos solares lo transforman en vitamina D para proteger la piel de agentes químicos y evitar la deshidratación.
  • A partir de él se forman ciertas hormonas, como las sexuales y las tiroideas.

Tipos de colesterol

La sangre conduce el colesterol desde el intestino o el hígado hasta los órganos que lo necesitan y lo hace uniéndose a partículas llamadas lipoproteínas. Existen dos tipos de lipoproteínas:
  • De baja densidad (LDL): se encargan de transportar nuevo colesterol desde el hígado a todas las células de nuestro organismo. Este es el colesterol “malo” que, en exceso puede quedar adherido a las paredes de los vasos sanguíneos y formar las placas de ateroma.
  • De alta densidad (HDL): recogen el colesterol no utilizado y lo devuelve al hígado para su almacenamiento o excreción al exterior a través de la bilis. Este es el conocido colesterol “bueno” pues nos protege de la enfermedad coronaria.

¿Por qué el colesterol es un factor de riesgo?

Si sus niveles de colesterol en sangre se elevan producen hipercolesterolemia. Está demostrado que las personas con niveles de colesterol en sangre de 240 tienen el doble de riesgo de sufrir un infarto de miocardio que aquellas con cifras de 200.
Cuando las células son incapaces de absorber todo el colesterol que circula por la sangre, el que sobra se deposita en la pared de la arteria y hace que ésta se vaya estrechando progresivamente, originando la arterosclerosis.
Si un enfermo de ateromatosis mantiene muy bajos sus niveles de colesterol en sangre puede hacer que ese colesterol pase de la pared arterial nuevamente a la sangre y allí sea eliminado. Por ello, se recomienda a los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio o un accidente cerebral que mantengan cifras muy bajas de colesterol para intentar limpiar así sus arterias.

¿Qué son los triglicéridos?

Son sustancias grasas cuya función principal es transportar energía hasta los órganos de depósito.
Como el colesterol, los triglicéridos pueden ser producidos en el hígado o proceder de las dieta.
Su acumulación excesiva puede provocar problemas cardiovasculares, además de elevar los niveles de colesterol “malo”. 
Son un tipo de lípidos que aumenta con el consumo de azúcares e hidratos de carbono bajos en fibra, por lo que debemos prescindir por completo del alcohol y los dulces. Además, el consumo de fruta debe ser moderado pues la fructosa que contiene ésta puede aumentar los triglicéridos.

Hipercolesterolemia y dislipemia

La hipercolesterolemia no presenta síntomas ni signos físicos, así que su diagnóstico sólo puede hacerse mediante un análisis de sangre que determine los niveles de colesterol y también de los triglicéridos.
La dislipemia es la alteración de los niveles normales de ambas grasas, colesterol y triglicéridos. Es conveniente que las personas con riesgo de padecerla, que tengan familiares con cardiopatía isquémica y otras enfermedades cardiovasculares, se realicen un análisis de sangre lo antes posible para poder tomar las medidas oportunas.

¿Cuáles son los niveles normales de colesterol y triglicéridos?
-Colesterol total:
          - Normal: menos de 200 mg/dl
          - Normal-alto: entre 200 y 240 mg/dl. Se considera hipercolesterolemia a los niveles de               colesterol total superiores a 200 mg/dl.
          - Alto: por encima de 240 mg/dl
-Colesterol LDL
          - Normal: menos de 100 mg/dl
          - Normal-alto: de 100 a 160 mg/dl
          - Alto: por encima de 160 mg/dl
- Colesterol HDL
          - Normal: superior a 35 mg/dl en el hombre y 40 mg/dl en la mujer
- Triglicéridos
          - Normal: menos de 150 mg/dl
          - Normal-alto: entre 100 y 500 mg/dl. Se considera hipertrigliceridemia a los niveles de                 triglicéridos superiores a 150-200 mg/dl.
          - Alto: por encima de 500 mg/dl.

Como bajar el colesterol: tratamiento y prevención 

La hipercolesterolemia se puede prevenir siguiendo las siguientes recomendaciones:
  • Lleve una alimentación equilibrada y sin grasas saturadas. La dieta mediterránea es la idónea porque su aporte de grasas proviene fundamentalmente de los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados (grasas saludables) presentes en el pescado y los aceites de oliva y de semillas. También es importante el consumo de vegetales, legumbres, cereales, hortalizas y frutas, alimentos con un alto contenido en fibra soluble, la cual enlentece la absorción de las grasas.
  • Reduzca el sobrepeso con una dieta baja en calorías
  • Disminuya el consumo de carnes rojas (máximo 2 días por semana), y huevos (máximo 2 o 3 por semana). El pollo, pavo sin piel o conejo se recomienda dos o tres días por semana. La cantidad recomendada al día no más de 200 gramos
  • Tome productos lácteos semidesnatados o mejor desnatados. Evite la leche entera y sus derivados (helados, nata, mantequilla, quesos grasos…)
  • Consuma preferentemente aceite de oliva y evite los aceites de coco y palma presentes en bollería, fritos y precocinados.
  • Tome con frecuencia pescado y en especial el azul (sardina, trucha, atún, salmón, caballa…) ya que poseen grasas saludables.
  • Las nueces tienen propiedades especialmente saludables para combatir el colesterol, por lo que comer 50 gramos al día puede ayudarnos a reducir el colesterol malo, el LDL, hasta en un 7%
  • No fume, es la recomendación más importante para prevenir problemas
    cardiovasculares. Cuando las moléculas de colesterol se combinan con las toxinas del tabaco, cambian su comportamiento y tienden a depositarse en las arterias.
  • Cocine con poco aceite (oliva, girasol o maíz). Evite en lo posible los fritos y los guisos. Es preferible cocinar a la plancha o a la brasa. Retire la grasa visible de la carne antes de cocinarla.
  • Puede utilizar todo tipo de condimentos. La sal, con moderación.
  • Evite el consumo de alcohol. Podría ser aceptable 2 vasitos de vino al día en varones y la mitad en mujeres. Se desaconseja en pacientes con sobrepeso, mujeres embarazadas y pacientes con los triglicéridos altos.
  • Lleve a cabo un programa de ejercicio aeróbico (caminar, carrera suave, ciclismo, natación…), a intensidad moderada y desarrollado de manera regular (tres a cinco sesiones por semana). El ejercicio aumenta el HDL (colesterol bueno) y reduce el LDL (colesterol malo) y los niveles de triglicéridos.
Una vez diagnosticada la dislipemia, y si la dieta y el ejercicio físico no consiguen rebajar los niveles por si solos, el médico optará por un tratamiento con fármacos. La elección de los fármacos va a depender de la anomalía que domine: elevación del LDL (colesterol malo); elevación de los triglicéridos; o niveles elevados en ambos casos.
Nunca se deben suspender la dieta ni los fármacos hasta que el médico lo indique.

Colesterol en los niños

Cada vez son más los casos entre niños o jóvenes que debido a una incorrecta dieta y al sedentarismo se convierten en serios candidatos a padecer hipercolesterolemia en el futuro. En líneas generales, éstas deben ser las cifras de colesterol para niños y adolescentes:
  • Normal: menos de 170 mg/dl
  • Normal-alto: entre 170 y 199 mg/dl
  • Alto: por encima de 200 mg/dl

Colesterol en la mujer
  • Durante el embarazo. Suele ser normal que la mujer sufra una alteración de los niveles de lípidos en sangre. Las embarazadas deben controlar sus cifras de colesterol y extremar el cuidado si son pacientes con hiperlipidemias previas.
  • Durante la menopausia. Se producen alteraciones relacionadas con el descenso de los estrógenos: disminuye el HDL (colesterol bueno) y aumentan el colesterol total y el LDL (colesterol malo).

Colesterol y otros factores de riesgo
  • Colesterol y Diabetes. La diabetes (tipo I y tipo II) puede aumentar las cifras de colesterol. De hecho, los niveles de colesterol deseables en los diabéticos son más bajos que en la población general.
  • Colesterol y Obesidad. Los pacientes obesos suelen tener hipertrigliceridemia y un nivel bajo de HDL (colesterol bueno). Bajar de peso produce un aumento de los niveles de HDL, una disminución de los niveles de triglicéridos, mejor tolerancia a la glucosa, disminución de los niveles de insulina y ácido úrico, y un descenso de la tensión arterial.
  • Colesterol y Sedentarismo. El ejercicio es una de las recomendaciones generales para el tratamiento y la prevención de la hipercolesterolemia. Entre las consecuencias positivas del ejercicio físico sobre el organismo destaca la mejora de la capacidad pulmonar, del sistema cardiovascular y de los niveles de colesterol y de tensión arterial.
  • Colesterol y Alcohol. El consumo excesivo de alcohol causa hipertrigliceridemia.                             
                                                                         Laura.-